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mercoledì 3 dicembre 2014

Indignación ante la decisión de Rusia de abandonar South Stream

El proyecto, cuyo coste rondaba los 50.000 millones de dólares, pretendría construir un gaseoducto que atravesara el Mar Negro hasta Europa. Bulgaria, Serbia y Hungría aseguraron que Moscú no había adelantado en ningún momento su decisión de retirarse del South Stream. Todos los países implicados habían invertido mucho capital político y financiero en el proyecto. Rusia ha declarado que ha encontrado una solución alternativa: exportar su gas a través de Turquía.
Hasta ahora, South Stream es la principal víctima de la crisis diplomática entre Rusia y la UE ante la estrategia que Moscú ha llevado a cabo en Ucrania. El proyecto, que había despertado mucha expectación, contaba con el respaldo del grupo ruso gas Gazprom, propiedad del Estado, y estaba destinado a transportar el gas desde Rusia a Europa sin pasar por Ucrania. Fue cobrando importancia a raíz de una serie de disputas sobre los precios del gas entre Moscú y Kiev que provocaron recortes en el suministro a algunos clientes europeos de Gazprom. No obstante, en Bruselas siempre se temió que el gaseoducto contribuiría a consolidar el dominio de Gazprom en el mercado europeo del gas.
La Comisión Europea insistió en que se diera acceso a otros suministradores de gas a South Stream, argumentando que la idea de que Gazprom suministrara el gas y tuviera un gaseoducto incumplía las normas de Competencia de la UE. No obstante, el proyecto contaba con el respaldo de varios países del sureste de Europa, que consideraban contribuiría a mejorar su seguridad energética y a aumentar sus ingresos por las tarifas de tránsito que cobrarían cuando el gas ruso pasara por su territorio. Durante una reunión de los representantes de la UE en Bruselas que tuvo lugar ayer, el representante húngaro le preguntó a la nueva jefa de la diplomacia de la UE, Federica Mogherini, “¿Qué se supone que tenemos que hacer ahora?”.
El ministro de Asuntos Exteriores húngaro, Peter Szijjarto, aseguró que habría que estudiar nuevas fuentes de energía, incluido el gas procedente de Azerbayán. Por su parte, el presidente de Serbia, Aleksandar Vučić, aseguró que la decisión era una mala noticia para Belgrado y que hablaría con Putin en cuanto pudiera. “Serbia ha invertido en el proyecto durante siete años y ahora vamos a pagar el precio de una lucha de poder entre países”, declaró.
Las acciones de las empresas vinculadas al proyecto South Stream sufrieron fuertes caídas ayer.

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